SERPIENTES DE SUEÑOS Y VERDADES
Luuku, un pueblo olvidado y despiadado donde la soledad, el silbido del viendo reinaban por las calles desierta. Gritos, llantos, ladridos, maúllos provenían de la gente y animales del lugar que deambulaban sin rumbo alguno, haciendo de la noche una amarga obscuridad. Como en cada noche, Paco, el vagabundo extraño, desconocido incluso para sí mismo, permanecía sentado cubierto por una especie de serpientes venenosas que le sujetaban fuertemente para mantenerlo inmóvil e impedirle caminar; en su rostro lucía un negro bozal que le reprimía gritar; lo único que le quedaba era interpretar sus sombras que se proyectaban a lo lejos en un viejo mural.
Un día Tordoc y Ludsa, amigos de Paco, le ayudaron a deshacerse de lo que parecían ser serpientes y del bozal; en esos momentos sintió encontrar una parte de su libertad, pero seguía siendo esclavo de la duda sobre quién era en realidad. Caminada pensando como si algo quisiera recordar, como si un pasado desconocido escondiera su identidad; pero no pudo más, la ansiedad y la desesperación lo llevaron a la esquizofrenia, sus gritos de piedad y de dolor se escuchaban por todo el pueblo. Las venenosas víboras y el negro bozal, con la ayuda de Tordoc y Ludsa, nuevamente se apoderaron de él; la supuesta libertada no era más que una falsa sensación y un sueño creado en su imaginación, aunque era un sueño que cuando él dormía se transformaba en realidad.
Noche tras noche era la misma historia: gritos, llanto, desesperación y sombras rodeando una obscura habitación. Paco nunca conoció la verdad, o tal vez lo hizo pero ya no le importó. Serpientes venenosas o quizás no, envolvían todo el tiempo de él; un negro bozal le impidió gritar o más bien fue el miedo lo que le obligó a callar. Su libertad nunca se hará realidad o en su sueño de la realidad encontró su libertad.
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